Lubricante sexual: el deseo no necesita pasar un examen

Por Denisse Beltrán, directora de Marketing de DKT LATAM Norte

Alguien abre el cajón, saca el lubricante sexual y escucha una pregunta que nadie tenía en mente hace diez segundos: “¿Ya no te gusto?”. Ahí está el prejuicio. Una persona acaba de decir cómo le gustaría que siguiera el encuentro; la otra cree haber recibido una evaluación de su desempeño. ¿En qué momento un frasco adquirió semejante autoridad sobre nuestra vida sexual?

 

Durante años nos han vendido la idea de que el buen sexo debe ser espontáneo y de que, cuando hay química, los cuerpos se entienden solos. Bajo esa lógica, preguntar parece torpe, hacer una pausa resulta sospechoso y proponer algo distinto exige una explicación. Es un guion bastante exigente para una actividad que se supone que estamos disfrutando.

 

Tener ganas y lubricar son dos cosas distintas

 

La lubricación natural puede acompañar a la excitación, pero no permite medir el deseo. Puede variar con los cambios hormonales, el estrés, algunos medicamentos o, sencillamente, de un encuentro a otro. Puedes tener muchas ganas y preferir más lubricación. Ni tú ni tu pareja tienen que demostrar nada al respecto.

 

Tampoco hace falta esperar a sentir incomodidad. Hay quien disfruta la sensación que aporta un lubricante desde el principio y quien decide incorporarlo sobre la marcha. Reduce la fricción, facilita el movimiento y puede resultar útil tanto en pareja como durante la masturbación o con un juguete compatible. No existe una cantidad que funcione para todo el mundo. La referencia más útil es cómo se siente para quien lo está usando.

 

Hay algo revelador en esa última frase: para quien lo está usando. Si tu pareja te pide lubricante, ya te dio una información más precisa que cualquier conclusión que puedas sacar a partir de su cuerpo. Vale la pena escucharla antes de ponerse a interpretar qué quiso decir “en realidad”.

 

Cómo proponerlo sin convertirlo en un asunto solemne

 

“Me gusta más con lubricante” es una frase completa. También funcionan “¿quieres probar?” o “¿así se siente mejor?”. No necesitas presentar una defensa de tu vida sexual antes de abrir el frasco. La curiosidad tampoco trae implícita una queja: algo puede gustarte tal como lo has hecho hasta ahora y aun así puedes querer probar otra cosa.

 

Lo que vuelve útil una pregunta es dejar espacio para la respuesta. Si propones algo y tu pareja dice “hoy no”, ahí termina la propuesta. Si al principio le gustó y después prefiere parar, también puede decirlo. El consentimiento incluye esas pequeñas decisiones que se toman durante un encuentro. Una respuesta sincera, incluso cuando no coincide con lo que imaginabas, vale más que acertar por casualidad.

 

Y si eres tú quien escucha “¿ya no te gusto?”, la conversación puede volver a algo muy concreto: “sí me gustas. Te estoy contando qué me gusta a mí”. Se puede hablar de placer sin repartir calificaciones. De hecho, pocas cosas favorecen menos la espontaneidad que pasar el encuentro entero intentando adivinar si el otro está a gusto.

 

Qué lubricante sexual usar con condón de látex

 

Aquí sí conviene hacerle caso a la etiqueta. Si usas condones de látex, elige un lubricante a base de agua o de silicona. La vaselina, los aceites corporales y las cremas con aceite pueden debilitar el látex y aumentar la posibilidad de que se rompa. La guía de la Organización Mundial de la Salud sobre preservativos explica qué productos son compatibles y por qué importa esa elección.

 

Con los juguetes sexuales hay que comprobar algo más: el material. Un lubricante compatible con tu condón no es necesariamente adecuado para tu juguete. Revisa las indicaciones del fabricante de ambos productos. Y recuerda que cumplen funciones distintas: el lubricante reduce la fricción; por sí mismo no previene embarazos ni protege frente a infecciones de transmisión sexual.

 

Desde DKT LATAM Norte promovemos que el placer y la prevención se puedan conversar juntos. A veces eso significa leer una etiqueta antes de comprar. Otras veces significa tener la confianza de decir qué te apetece sin que la persona que tienes enfrente lo tome como algo personal.

 

Quizá la mejor respuesta la próxima vez que alguien abra el cajón sea también la más sencilla: “¿Cómo te gusta?”.

 

También en Penthouse México: Jay de la Cueva, Rolling Stone y Prudence hablan de placer y protección.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible.
La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.