Sofía Sanz: La belleza de creer
La modelo y actriz venezolana Sofía Sanz encontró en la perseverancia la herramienta para transformar sus inseguridades en fortaleza. Hoy, desde México, construye una carrera que demuestra que la confianza también se aprende.
Fotógrafo:Rhayo West
Asistente / Video: Marco Martínez
Makeup Artist: Regina Bravo
Wardrobe: Fabricio Camo
Lencería: Santa Diabla
Producción: Noray Studio
Asistente / Hunter talent: Lizett Toscano

Memorias del corazón
Caracas aparece primero en la conversación. No como una postal ni como un recuerdo idealizado, sino como el lugar donde comenzó una historia que durante años estuvo acompañada por dudas personales. Allí creció junto a sus abuelos, quienes asumieron gran parte de su crianza y le dieron una infancia que recuerda con tranquilidad y afecto. Mientras otros problemas parecían lejanos, ella lidiaba con una percepción de sí misma que la acompañó durante buena parte de su juventud.
“Me crié con mis abuelos, quienes siempre se preocuparon por darme una niñez tranquila. Aun así, desde pequeña tuve muchos complejos por mi físico, lo que me generó una inseguridad muy fuerte desde joven”, recuerda. Aquellas inseguridades no desaparecieron de un día para otro. Fueron años de trabajo personal, de cuestionar las ideas que tenía sobre sí misma y de aprender a convivir con una versión menos dura frente al espejo. “Durante mucho tiempo me costó creer en mí, pero nunca dejé de trabajar en mi mentalidad. Aprendí que la confianza también se construye”.
Quizá por eso el modelaje parecía una posibilidad remota. Mientras otros descubrían aptitudes que los acercaban a una profesión específica, ella llenaba hojas con dibujos y se imaginaba desarrollando una carrera vinculada al diseño. La moda existía en su entorno como una admiración distante, no como un destino.
“La verdad nunca pensé en dedicarme al modelaje o a la actuación. En esa época no creía que fuera capaz de lograr algo así”, admite. La frase aparece sin dramatismo, como una fotografía honesta de aquella etapa. “Siempre me gustó dibujar y pensaba que terminaría haciendo algo relacionado con el diseño o el arte”.
La industria terminó encontrándola por otro camino. Hoy trabaja como modelo y actriz, una profesión que exige una exposición constante y que contrasta con aquella joven que alguna vez dudó de ocupar un espacio frente a la cámara. La transformación no ocurrió de manera espontánea. Detrás existe una rutina marcada por la disciplina y por una relación permanente con el cuidado físico y mental.

Espíritu libre
Gran parte de sus días transcurren entre el gimnasio, el ejercicio y la meditación. Busca mantener una estructura que le permita enfrentar el ritmo de trabajo sin perder equilibrio. Cuando las agendas se relajan, encuentra refugio en actividades mucho más cotidianas. Le gusta ir al cine. Le gusta cocinar. Le gusta pasar horas descubriendo recetas nuevas.
“Amo cocinar. Me entretiene muchísimo aprender cosas nuevas en la cocina. Es una actividad que me relaja y me desconecta del trabajo”, cuenta.
Esa afición por las historias encuentra un punto de encuentro en el cine. Desde niña conserva una fascinación particular por El laberinto del fauno, la película de Guillermo del Toro que sigue ocupando el primer lugar entre sus favoritas. No habla de ella desde la nostalgia, sino desde la admiración.
“Siento que es una obra de arte de principio a fin. Cada vez que la veo encuentro algo diferente. Las actuaciones son maravillosas, la historia es increíble y visualmente me parece perfecta”. La respuesta llega inmediata, como quien ha repetido esa reflexión varias veces y todavía encuentra razones para sostenerla.
La conversación cambia de tono cuando aparece el tema de la comida. Sonríe. Confiesa que los tacos campechanos con papas y los chilaquiles verdes con pollo figuran entre sus debilidades más recurrentes. También reconoce que los corridos tumbados ocupan un espacio inesperado dentro de sus listas de reproducción.
Ese gusto por la comida se convierte, al mismo tiempo, en uno de los principales desafíos de su profesión. Mantener una imagen determinada exige disciplina permanente, algo que no siempre resulta sencillo para alguien que disfruta comer tanto como ella.
“La parte más difícil del modelaje es tener que cuidarte todo el tiempo. Soy una persona que ama comer y a veces tengo que limitarme porque forma parte del trabajo”, explica. El sacrificio, sin embargo, queda compensado por aquello que más disfruta de su carrera. “Lo más divertido es poder transmitir emociones. Expresar tantas cosas en una fotografía o en un video me parece algo increíble. Es una forma de comunicación muy especial”.
Enamorada de la vida
Los viajes llegaron como consecuencia natural de ese recorrido profesional. Entre las ciudades que ha visitado, Milán ocupa un lugar privilegiado. La experiencia dejó una impresión profunda.
“Quedé completamente enamorada. Desde el primer día entendí por qué la llaman la capital de la moda. Hay algo en esa ciudad que inspira creatividad constantemente”. La posibilidad de regresar permanece entre sus planes.
Cuando la conversación gira hacia México, el entusiasmo crece todavía más. Lleva tiempo viviendo aquí y habla del país con una cercanía que va mucho más allá de la admiración turística. Sus palabras revelan una relación construida a partir de experiencias personales, amistades, trabajo y momentos decisivos para su carrera.
“México es el país que me ha dado todo lo que amo. Aquí he vivido oportunidades increíbles, he conocido personas maravillosas y he construido una parte muy importante de mi vida”, dice. Después menciona la calidez de la gente, la diversidad cultural, los paisajes y la gastronomía. “Siempre me hacen sentir en casa. Yo a México no lo cambio por nada”.
La perseverancia aparece varias veces a lo largo de la entrevista. Surge cuando habla de sus inseguridades, cuando recuerda sus inicios y cuando describe los desafíos que enfrenta actualmente. Es la característica que identifica con mayor claridad dentro de su personalidad.

“Nunca me rindo hasta conseguir lo que me propongo”.
La frase resume buena parte de su trayectoria. También reconoce un rasgo que todavía intenta controlar: la impulsividad. “A veces actúo demasiado rápido y después pienso que debí analizar mejor las cosas. Es algo que sigo aprendiendo a manejar”.
Su historia no gira alrededor de una carrera artística ni de una transformación física. Habla de alguien que pasó años cuestionándose a sí misma y que encontró una manera de avanzar pese a las dudas. Por eso, cuando llega el momento de enviar un mensaje a quienes siguen su trabajo, vuelve al tema que atraviesa toda la conversación.
“Quiero que las personas confíen en ellas mismas. Muchas veces dejamos que las opiniones de otros definan lo que creemos posible, pero cuando realmente crees en ti y trabajas por lo que quieres, empiezan a suceder cosas que parecían imposibles. Nadie puede detenerte cuando decides apostar por tus propios sueños”.
Lo dice con la serenidad de quien todavía recuerda a aquella niña de Caracas que dudaba frente al espejo y que, con los años, aprendió a mirarse de otra manera.



