Brigitta Budai: La calma como destino

Entre talleres, aeropuertos y sesiones de fotos alrededor del mundo, la modelo húngara, Brigitta Budai,  ha aprendido que el verdadero crecimiento no siempre ocurre en movimiento. A veces aparece cuando uno decide bajar la velocidad.

Fotografía: Gerardo Arteaga

 

 

Autonomía y observación

La primera herramienta importante que Brigitta Budai recibió para su vida adulta no tuvo nada que ver con el modelaje. Cuando se mudó por su cuenta, sus padres le regalaron una caja de herramientas. Era un objeto cargado de significado para alguien que creció rodeada de motores, reparaciones y proyectos de construcción.

Nacida cerca de Budapest, pasó buena parte de su infancia acompañando a su padre en el taller. Él trabajaba con automóviles clásicos, aunque sus habilidades iban mucho más allá de la mecánica. “Mi padre trabajaba con autos, pero también era una persona que podía arreglar cualquier cosa. Incluso construyó nuestra casa él mismo”, recuerda. Crecer en ese entorno le permitió entender desde muy pequeña cómo funcionaban las cosas y desarrollar una autonomía que todavía conserva. De hecho, asegura entre risas que puede resolver casi cualquier desperfecto doméstico: “Cuando me mudé sola, mis padres me regalaron una caja de herramientas y desde entonces la he usado para arreglar todo”.

Aquellas horas observando a su padre trabajar dejaron una huella profunda. Mucho antes de convertirse en modelo, imaginó futuros muy distintos para sí misma. Quería ser arqueóloga, arquitecta, investigadora o abogada. Hoy encuentra un hilo conductor entre todos esos sueños aparentemente dispersos. “Todas están basadas en la observación”, explica. Esa capacidad para analizar su entorno, detectar detalles y confiar en su intuición sigue siendo una de sus fortalezas más importantes. “Observo con mucha atención a las personas y a mi entorno, y suelo recordar pequeños detalles. Mi intuición normalmente es muy precisa y confío mucho en ella”.

Quizá por eso viajar ha sido una de las facetas más enriquecedoras de su carrera. Más allá de las fotografías y las campañas, lo que realmente valora son las experiencias humanas que ha encontrado en distintos rincones del mundo. Entre todos los destinos que ha visitado, Asia ocupa un lugar especial. Brigitta considera que sus estancias en Bali y Tailandia transformaron su manera de entender la vida. Allí descubrió comunidades que, pese a enfrentar dificultades económicas evidentes, conservaban una actitud admirable. “Observé lo amables y serviciales que eran las personas. Aunque muchas de ellas claramente no tenían una vida fácil en términos económicos, seguían teniendo una actitud muy positiva”.

 

 

El lujo del silencio

México también forma parte de los lugares que recuerda con especial cariño. Conoció tanto la Ciudad de México como Tulum en una época previa a la explosión turística impulsada por las redes sociales, y la diferencia entre ambos destinos la sorprendió profundamente. Mientras la capital le transmitió la energía de una gran metrópoli en constante movimiento, Tulum le ofreció una experiencia completamente distinta. “Se sentían como dos mundos diferentes”, cuenta. En particular, conserva el recuerdo de un hotel que por las noches se iluminaba únicamente con velas. “Se sentía realmente mágico”.

Aunque desde fuera la industria de la moda suele asociarse con glamour permanente, Brigitta conoce bien las exigencias que implica mantenerse frente a la cámara. Durante años, uno de los mayores retos ha sido la sensación de tener que estar siempre lista para una fotografía. Con el tiempo, encontró formas sencillas de desconectarse de esa presión. Lejos de los sets, prefiere una vida mucho más sencilla y discreta. “Casi nunca uso maquillaje cuando no estoy trabajando”, asegura. También disfruta los espacios abiertos, la tranquilidad y los momentos alejados del ruido. Después de pasar tanto tiempo entre aeropuertos, hoteles y grandes ciudades, aprendió a valorar el silencio como un lujo. “Trato de descansar, leer y mantenerme alejada de las redes sociales siempre que puedo”.

 

 

Perspectiva y futuro

Esa búsqueda de equilibrio se ha vuelto fundamental en una vida marcada por el movimiento constante. Cada viaje exige adaptarse a nuevos horarios, climas y rutinas. Por eso procura llegar con tiempo suficiente para aclimatarse antes de cada sesión. Si la agenda se lo permite, aprovecha para caminar, hacer ejercicio o simplemente explorar el lugar donde se encuentra.

Tras años construyendo una sólida trayectoria internacional, siente que ha alcanzado muchas de las metas que alguna vez imaginó para sí misma. Sin embargo, todavía hay pequeñas aspiraciones que mantienen viva la emoción por su profesión. Una de ellas sería protagonizar una gran campaña para una marca con la que trabaja actualmente. “Verme en un enorme espectacular en alguna gran ciudad definitivamente sería un momento especial”, admite.

Cuando piensa en el futuro, su interés se dirige hacia un ámbito muy distinto al modelaje: los bienes raíces. Lo que la atrae no es necesariamente la parte comercial del negocio, sino la arquitectura y el diseño. “Siempre he apreciado las casas hermosas y los espacios bien diseñados”, explica. De alguna forma, aquella niña que soñaba con convertirse en arquitecta nunca desapareció del todo.

Con los años también ha aprendido a relacionarse de otra manera con uno de los rasgos que ella misma identifica como su principal defecto: la impaciencia. Hoy intenta vivir con menos prisa y otorgar menos importancia a aquello que escapa de su control. “Estoy haciendo un esfuerzo por bajar un poco el ritmo”, reconoce. Si las cosas no salen exactamente como las imaginó, procura no quedarse atrapada en la frustración. Después de años de viajes, compromisos y objetivos cumplidos, su prioridad ha cambiado. “Mi tranquilidad mental se ha convertido en una prioridad mucho más importante”.

Por eso, cuando se le pide elegir un momento que represente lo que el modelaje ha significado en su vida, no menciona una portada, una campaña o una ciudad específica. Prefiere mirar el recorrido completo. Para Brigitta, el verdadero valor de esta profesión está en la suma de experiencias, personas y aprendizajes que han ido construyendo su historia. “Cada viaje, cada sesión de fotos, cada experiencia —las buenas y las difíciles—, junto con todas las personas que he conocido, han ayudado a formar mi personalidad y mi carrera”, reflexiona. Al final, concluye, “todo está conectado de alguna manera”.

 

 

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