Ritual salvaje
Hay marcas que hacen cerveza y otras que crean una identidad. Jabalí pertenece a la segunda categoría.

Identidad indomable
En un escenario saturado de etiquetas artesanales, recetas “de autor” y estilos que intentan llamar la atención por extravagancia, Jabalí tomó otro camino: recuperar la esencia salvaje, urbana y colectiva que la cerveza siempre ha tenido. No vino a inventar una historia; vino a recordarnos algo que seguíamos sintiendo en el cuerpo: beber también es un acto de manada.
Desde su primer lanzamiento, Jabalí dejó claro que no buscaba parecerse a nadie. Sus cervezas nacieron de un principio simple: hacer que cada estilo cuente una historia, que cada botella represente carácter, territorio, intención. La marca no pretende ser sofisticada ni pretenciosa; pretende ser honesta. Y en tiempos de poses, esa honestidad sabe distinta.
Cervezas hechas para quien disfruta el carácter, no los adornos
Uno de los rasgos más interesantes del portafolio Jabalí es su manera de desafiar expectativas. En un país donde lo “claro” suele pensarse ligero y lo “oscuro” como intenso, Jabalí rompe la narrativa:
- Helles (8.1%): una clara que sorprende por su potencia.
- Bock: oscura, profunda pero más ligera de lo que su color sugiere.
- IPA: aromática, fresca y equilibrada, sin el amargor que intimida.
- Honey Beer: suave en entrada, firme en intención.
- Dubbel: especiada, robusta, perfecta para mesas largas.
Cada cerveza es una pieza de un ecosistema coherente: sabores que se sienten vivos, que se beben en compañía, que invitan a la sobremesa y a la charla extendida. No son cervezas para degustar en silencio. Son cervezas para reunión, para brío, para conversación.

Un diseño que entiende la ciudad
La estética de Jabalí —gráfica, ilustrativa, callejera, vibrante— no es solo una propuesta visual, es parte del ritual. Las etiquetas cuentan historias, los colores convocan energía, las botellas parecen gritar “abre otra”. Jabalí hace cerveza que se ve, se siente y se respira en la mesa.
La Cervezota: un capítulo dentro de un instinto
Dentro de este universo aparece la Cervezota, una reinterpretación contemporánea del gran formato mexicano —la botella compartida, la que viaja de mano en mano, la que convoca a quedarse un rato más. No busca protagonismo, busca pertenecer al ritual: una IPA bien diseñada, pensada para pequeños sorbos que circulan, para el “sírvete tantito”, para el “ya casi se acaba, abrimos otra”.

Una cervecería con apellido propio
Detrás de la marca está Cervecería Primus, una casa mexicana, independiente y familiar que lleva casi dos décadas construyendo cerveza con convicción. No siguen la moda artesanal sino que la reinterpretan. No persiguen tendencias internacionales, las adaptan al paladar mexicano sin perder identidad. Y sus recorridos en San Juan del Río se han convertido en punto obligado para quienes quieren ver cómo se hace cerveza con carácter.
Jabalí: cerveza para la mesa, para la calle, para la vida
En un mercado donde muchas marcas compiten por atención, Jabalí no busca gritar. Busca permanecer. Es cerveza para quienes entienden que un buen trago se disfruta mejor entre voces, entre historias, entre complicidades. Cerveza para quienes creen que el sabor se potencia con compañía.
En tiempos donde todo tiende a fragmentarse, Jabalí propone algo radical: volver a beber como se hacía antes —en grupo, con ritmo, con intención. Y ahí, justo ahí, es donde se vuelve inolvidable.


