Los riesgos de “hacer todo tú”
En la cultura laboral, “hacerlo todo” se ha convertido en sinónimo de productividad, autosuficiencia, control, “nadie me dice cómo hacerlo”. Sin embargo, en la práctica suele estar relacionado con el miedo: miedo a soltar, miedo a fallar en público, miedo a que alguien haga el trabajo “distinto”.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) lleva años señalando cómo las normas rígidas de masculinidad —esa idea de que un hombre debe ser duro, autosuficiente y emocionalmente invulnerable— pueden cobrar factura en la salud mental y en la forma en que los hombres piden (o evitan) ayuda.
La “cultura del ajetreo” (o hustle culture como se le llama en inglés) es muy buena para vender camisetas pero muy mala para sostener cuerpos. La narrativa típica nos dice que si estás cansado, es porque estás ganando. Si estás saturado, es porque eres importante. Si no duermes, es porque eres ambicioso.
La Trampa del Burnout
La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) describe el burnout (síndrome de desgaste profesional) como el “resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito”. Lo describe con tres rasgos: agotamiento, distancia mental o cinismo y menor eficacia.
Dato clave: el burnout no significa que “te falta actitud”. Es la señal de un sistema (personal y laboral) mal diseñado. Incluso el World Economic Forum ha insistido en que la respuesta no puede ser solo “resiliencia individual”, sino cambios en condiciones de trabajo y cultura organizacional.
Delegar suena fácil pero es difícil en la vida real. Según el Harvard Business Review (HBR) todos los líderes deben delegar para liberar tiempo y atención para el trabajo de “panorama completo” que exige un rol ejecutivo.

Liderazgo y Confianza
Y esa es la parte que duele: delegar no es mandar tareas como si aventaras basura por la ventana. Delegar es transferir confianza y, con ella, responsabilidad y aprendizaje.
HBR lo plantea con una idea simple: “Los líderes deben delegar tareas para liberar tiempo y atención para el trabajo de mayor nivel.” El sitio WorldDatWork lo aterriza con un dato incómodo: en evaluaciones de desarrollo de liderazgo, solo 19% muestran habilidades fuertes de delegación.
El arquetipo del “hombre que no pide ayuda” está quedándose viejo. No por moda sino por logística. Porque el mundo actual (negocios, comercio, operación) es demasiado complejo para un solo par de manos. Si tu empresa depende de que tú revises cada detalle, no tienes empresa sino una fuente de preocupaciones.
Pensamiento Estratégico
Delegar está dejando de ser una “habilidad blanda” para convertirse en pensamiento estratégico:
- Pasas de apagar fuegos a diseñar el sistema para que no se incendie.
- Conviertes “yo hago” en “yo decido”.
- Dejas de ser cuello de botella.
Hay un placer muy adulto (y muy subestimado): irte a dormir sin ese zumbido mental de que “se me está yendo algo”. Delegar bien no te vuelve flojo, te vuelve más enfocado.
Incluso existen empresas especializadas en que les delegues tu logística, como Smart Logístics, con servicios como almacenaje, distribución, transportación y control de calidad.
Recuerda que el hombre contemporáneo no es el que más carga, es el que elige qué cargar. Y lo demás, lo manda a operar donde debe operar: en un sistema.


