Autonepiofilia: volver a ser cuidado
Una fantasía adulta que mezcla regresión, vulnerabilidad y juego de roles para escapar, por unas horas, de las exigencias de la vida adulta.

Un adulto se pone un pañal, se recuesta en una cama preparada para descansar y deja que otra persona se encargue de alimentarlo, vestirlo o cuidarlo. Para algunos, la escena puede tener una carga erótica; para otros, funciona como una forma de desconexión. La autonepiofilia, también llamada infantilismo parafílico o adult baby, gira alrededor de la fantasía de adoptar temporalmente una identidad infantil, pero desde una experiencia exclusivamente adulta.
El término suele aparecer asociado al universo ABDL (Adult Baby/Diaper Lover), una comunidad que incluye tanto a personas interesadas en el juego de roles como a quienes sienten excitación sexual vinculada con pañales, cuidados o dinámicas de poder. No existe una sola manera de vivirlo. En algunos casos, el componente central es sentirse protegido; en otros, la excitación proviene de la entrega de control, la vulnerabilidad o la humillación consensuada.
Un estudio publicado en Archives of Sexual Behavior reunió a 1,934 integrantes de una comunidad ABDL: 1,795 hombres y 139 mujeres. La investigación encontró una enorme diversidad en las motivaciones y prácticas de sus participantes. Otro estudio, con 207 hombres, encontró que 93% reportó algún grado de motivación sexual en su interés ABDL, mientras que 40% había experimentado excitación ante la fantasía de ser un bebé. Solo 4% reportó atracción sexual hacia bebés, un dato particularmente relevante para separar esta práctica de la pedofilia.
La psicología ha explorado la posibilidad de que estas fantasías funcionen como una forma de regresión voluntaria: abandonar momentáneamente decisiones, responsabilidades y expectativas para ocupar un lugar donde alguien más cuida. Pero convertir esa explicación en una causa universal sería simplificar demasiado. Una revisión de 42 estudios publicada en The Journal of Sexual Medicine señala que la literatura científica sobre ABDL sigue siendo escasa y que el fenómeno ha sido históricamente estigmatizado.
También conviene distinguir fantasía de trastorno. La autonepiofilia no aparece como diagnóstico independiente en el DSM-5. Una preferencia sexual atípica no constituye por sí misma un trastorno; el criterio clínico depende, entre otros factores, de que exista malestar significativo, deterioro funcional o afectación de terceros.
En el territorio de las fantasías adultas, quizá lo más revelador no sea el pañal ni el biberón, sino la posibilidad de soltar por un rato el personaje que exige la vida cotidiana: dejar de decidir, dejar de responder y permitir que alguien más se encargue.


