Una mandíbula a la medida

Implantes, rellenos y cirugía ósea permiten modificar el contorno del rostro masculino. La promesa de una mandíbula más cuadrada tiene límites anatómicos y riesgos.

 

 

Un ángulo mandibular más marcado puede cambiar la lectura de un rostro. En la consulta de cirugía estética, esa línea que va del mentón hacia las orejas puede convertirse en el objetivo de un procedimiento diseñado para ensanchar la parte inferior de la cara. La masculinización mandibular reúne distintas técnicas, desde rellenos inyectables hasta implantes colocados sobre el hueso.

La tendencia forma parte de un mercado en expansión. La Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) contabilizó 237,188 procedimientos de contorno óseo facial en el mundo durante 2024, un aumento de 44.1% respecto al año anterior. La categoría incluye intervenciones faciales diversas; la cifra no corresponde exclusivamente a cirugías de mandíbula ni permite determinar cuántos pacientes fueron hombres.

Para modificar el contorno existen varias rutas. El ácido hialurónico aporta volumen temporal y puede definir visualmente el ángulo mandibular. Los implantes, por su parte, añaden proyección mediante piezas de silicona u otros materiales. Cuando el objetivo requiere alterar la posición o la forma del hueso, pueden considerarse técnicas quirúrgicas específicas, según la anatomía y las necesidades del paciente.

La diferencia importa. En una revisión publicada en Plastic and Reconstructive Surgery, los investigadores examinaron las complicaciones de los implantes de mentón y señalaron problemas como infección, desplazamiento, asimetría y alteraciones de la sensibilidad. La evidencia disponible también presenta limitaciones: las técnicas, los materiales y los periodos de seguimiento varían entre estudios.

Los rellenos tampoco equivalen a un retoque inocuo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte que una inyección accidental en un vaso sanguíneo puede provocar necrosis, alteraciones visuales, ceguera o accidente cerebrovascular. La probabilidad es baja, pero las consecuencias pueden ser graves y permanentes.

Antes de perseguir una mandíbula geométrica, hay que distinguir entre cambiar el volumen de los tejidos y modificar la estructura ósea. La valoración de un especialista certificado permite determinar qué procedimiento resulta apropiado, qué resultado es realista y qué riesgos implica. El rostro puede rediseñarse hasta cierto punto; la anatomía sigue poniendo las condiciones.

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