Vivir con intención: Ana Karen
Ana Karen construye su camino entre la sensibilidad, el movimiento y una forma muy personal de mirar la vida.
Fotografía: Gerardo Arteaga

Crecí en la Ciudad de México, un lugar tan caótico como entrañable, donde aprendí desde muy pequeña a observar, a sentir y a disfrutar mi propio espacio.
Tuve una niñez profundamente amorosa: soy hija única de una mamá soltera increíble, además de la primera nieta, así que sí… fui muy consentida. Entre todo ese cariño también aprendí a estar conmigo misma, y encontré en los libros un refugio que me acompañó durante años y que, hasta hoy, sigue siendo parte de mí.
Cuando era niña soñaba con ser actriz. Siempre fui muy sensible, camaleónica, con una facilidad casi natural para adaptarme y conectar con distintas emociones. Creo que eso nunca se fue; solo ha encontrado nuevas formas de expresarse con el tiempo.
En mis ratos libres disfruto mucho lo simple: estar con mi mamá, mis perritos y mis amigos más cercanos. Me encanta ir a la Cineteca, al teatro y hacer ejercicio. Son espacios y momentos que me ayudan a volver a mí, a sentirme presente y conectada con los demás.
Facetas en armonía
La música también ocupa un lugar muy especial en mi vida. Amo a Sade, porque en su voz y sus canciones encuentro sensualidad, elegancia y una sensibilidad que me transmite calma y profundidad. Algo muy parecido a lo que busco en la vida. En cuanto a series, tengo una debilidad por The Most Amazing Houses in the World. Me fascinaba viajar a través de casas extraordinarias alrededor del mundo; era una fuente constante de inspiración, aunque tristemente ya no esté disponible en Netflix.
No vivo mucho desde la culpa, pero si tuviera que confesar un gusto culposo serían los postres de medianoche… especialmente cuando “solo iba por un bocado” y termina siendo toda una experiencia. Y si hablamos de comida favorita, no hay duda: la comida mexicana. Colores, texturas, historia, picante… es identidad pura.
Actualmente estoy trabajando en mi certificación de pilates, un proceso que me ha enseñado mucho sobre el cuerpo, la disciplina y la constancia. A futuro, me gustaría estudiar idiomas para seguir creciendo tanto personal como profesionalmente. El modelaje es algo que disfruto y valoro, pero no lo veo como el único camino. Tengo muchos intereses y proyectos que quiero explorar con calma.

Esencia y aspiración
Quizá una de mis aspiraciones profesionales más grandes es convertirme en maestra. Me mueve mucho la idea de compartir conocimiento, acompañar procesos y aportar algo real a los demás. En el modelaje, lo más difícil es la exigencia constante y la disciplina que requiere; lo más divertido, sin duda, es jugar con las miradas y las emociones, algo que conecta directamente con mi amor por la actuación.
Uno de mis logros más significativos hasta ahora ha sido formar parte de esta revista impresa y haber desfilado para un diseñador mexicano. Son pasos importantes que valoro mucho. Y aunque amo profundamente a México —porque aquí nací, crecí y me formé—, hay un lugar que sueño con visitar: Egipto. Me fascina su cultura y admiro profundamente a Cleopatra, una figura que representa fuerza, inteligencia y misticismo.
Mi mayor cualidad es la sensibilidad. Me permite conectar con las personas, observar con atención y expresarme de forma auténtica. Mi debilidad, quizá, es sentir todo muy intensamente, aunque con el tiempo he aprendido a convertir eso en una fortaleza”.



